El frío del norte no pedía permiso; simplemente se instalaba en los huesos, recordándote que en estas tierras, la vida era un privilegio y no un derecho. Habíamos dejado la mansión de Blood-Crag bajo el manto de una medianoche sin estrellas, moviéndonos como sombras entre los senderos que solo los lobos de linaje puro conocían. Lysander lideraba la marcha en su forma humana, envuelto en pieles oscuras que acentuaban la dureza de su mandíbula y el brillo vigilante de sus ojos grises.
Detrás de é