Subtítulo:
“Cuando la sangre canta, el alma no puede mentir.”
Ariadna no regresó directamente a casa. Condujo durante más de una hora, sin rumbo fijo, buscando aire, espacio, respuestas. El movimiento del bebé dentro de ella había sido tan sutil y, al mismo tiempo, tan poderoso, que la descolocó por completo. Ya no era solo una mujer embarazada por accidente. No. Estaba envuelta en una historia más antigua que su memoria, cargando un linaje que no conocía y sintiendo una fuerza que no entendía