Subtítulo:
“Si el amor es una puerta, la voluntad es el cerrojo.”
El eco helado que había recorrido la marca aún vibraba bajo la piel de Ariadna cuando Kael la envolvió con sus brazos. No fue un abrazo desesperado, sino un anclaje: el Alfa sosteniendo a su Luna para que el viento oscuro no la arrancara de sí misma.
—Ya sabemos su nombre —murmuró Kael, la voz baja, grave—. Y sabemos cómo entró.
—Darius —repitió Ariadna, y el brazalete perdido pesó como una culpa antigua—. Si puede volver a toca