Subtítulo:
“El pasado no siempre muere… a veces espera para arder otra vez.”
La noche aún pesaba cuando Ariadna despertó envuelta en los brazos de Kael. Sus dedos rozaron las marcas que él había dejado en su piel, todavía tibias, como brasas bajo la dermis. Cada chupetón era una promesa; cada arañazo, una declaración. Pero detrás de ese calor, la marca seguía palpitando… y no solo por ellos.
—¿Sientes eso? —preguntó ella, los ojos entrecerrados.
Kael asintió, serio. —Darius no se ha retirado.