Subtítulo:
“Hay caricias que no solo tocan… despiertan.”
La cabaña estaba en silencio, solo el crepitar del fuego acompañaba el sonido de sus respiraciones. Kael seguía apoyado en el regazo de Ariadna, sus dedos jugueteando con los mechones sueltos de su cabello. Cada tanto, sus miradas se cruzaban, y en ese cruce había algo más que cariño: había hambre.
—¿En qué piensas? —preguntó Ariadna, bajando la voz.
Kael sonrió, esa sonrisa que ella ya sabía leer.
—En lo que no puedo dejar de desear, au