Subtítulo:
“Cuando la verdad toca la piel… no hay forma de volver a fingir.”
La noche cayó, pero el bosque no descansó.
Cada rama crujía como si llevara un mensaje. Las hojas susurraban en idiomas antiguos que solo los lobos más viejos podían recordar. Ariadna caminaba descalza entre la maleza húmeda. No sabía cómo había llegado ahí. ¿Estaba soñando? ¿O la Luna la había llamado de nuevo?
Sus pasos eran suaves, pero su respiración era profunda, como si cada célula de su cuerpo buscara algo que