Subtítulo:
“Cuando el alma habla, el cuerpo obedece.”
El suelo estaba frío, pero Ariadna no sentía frío. El agua seguía cayendo sobre su cuerpo como si el mundo exterior ya no importara. Su respiración era rápida, entrecortada, pero sus ojos brillaban. No con lágrimas. Con algo más poderoso. Con reconocimiento.
"Por fin despertaste."
La voz aún retumbaba dentro de su mente. Femenina, grave, profunda, como el eco de una tormenta que se había formado durante años. No era imaginación. Era real. E