Subtítulo:
“Cuando el lobo despierta, no hay marcha atrás.”
Ariadna pasó la noche en vela. No había forma de dormir después de lo que había visto, sentido y recordado. La imagen de su madre, tan parecida a ella, y ese lobo a su lado, le revolvía el estómago. No de miedo, sino de ansiedad. Algo dentro de ella vibraba distinto. Su cuerpo ya no respondía como antes. Sus sentidos se habían agudizado. Escuchaba el agua de las tuberías, el leve zumbido eléctrico del refrigerador. Olía cosas que ante