Lety se detuvo antes de alejarse.
—Quiero ver a esa mujer —dijo, con determinación.
El detective la miró con cierta cautela.
—No es agradable.
—No me importa. Necesito saber por qué hizo esto.
Paolo intervino.
—Iremos juntos. Pero primero quiero hablar con ella yo.
Lety frunció el ceño, pero aceptó. Paolo no era de los que pedían permiso para actuar, y en el fondo sabía que su presencia impondría más presión a la mujer.
En una pequeña sala de interrogatorio del hospital, Sofía estaba sentada,