Adrianna. Por primera vez había hablado de su pasado sin sentir vergüenza.
El viento revoloteaba en sus cabellos, también ardadtrava las lágrimas que corrían por sus mejillas.
Paolo acuno su rostro entre sus manos y se miraron en silencio, como si cada uno necesitara grabar en la memoria la expresión del otro en ese instante. Adrianna tenía los ojos aún húmedos, pero su rostro transmitía una serenidad nueva, casi desconocida para ella mismo. Paolo, en cambio, parecía mirar cada faceta de esa m