Paolo abrazó a Adriánna, fue un abrazo cálido, protector, sin prisa, ella apoyó su frente en el pecho de él y cerró los ojos.
El silencio entre ambos era sereno. Solo dos almas, una junto a la otra.
—¿Cuál será el lugar que escojas para nuestro viaje.? —preguntó ella con voz suave.
—Es una sorpresa, y estoy seguro de que te va a encantar. —escondió
—Tendrá que tener muchas flores amarillas. Me hacen sentir libre.
Paolo sonrió.
—Entonces buscaremos el campo más florido que exista.
La risa de