Adrianna no esperaba encontrarse con su amiga esa noche, era un capítulo que había cerrado en su vida desde el momento en que decidió seguir h empezar una nueva vida lejos de su país natal.
Ahora estaba ahí parada frente a ella, y parpadeó, sintiendo un nudo en la garganta. Levantó la mirada y vio sonreír a Paolo, y luego a Lucrecia, que se acercaba a la mesa.
-¡Adri! -le habló Lucrecia.
Adrianna estaba en trance; como en cámara lenta, se puso de pie, se giró, y quedó frente a su no recordada