La recepción se llevó a cabo en un salón decorado con luces cálidas y arreglos florales discretos pero elegantes. Había mesas redondas cubiertas con manteles blancos y copas brillando bajo los focos tenues. En una esquina, una pequeña banda tocaba música suave, y en otra, una mesa con bocadillos y postres atraía a los más jóvenes.
Adriánna entró al lugar tomada del brazo de su madrina. Vestía un vestido color beige, y el brillo en sus ojos no venía solo de la emoción, sino del alivio. Ya todo h