El Gran Salón de la manada Norte resplandecía bajo la luz de cientos de antorchas. Las paredes de madera y piedra, normalmente austeras, habían sido decoradas con los estandartes de cada clan participante en el Concilio Lunar. El aroma a incienso de pino y sándalo se mezclaba con el olor distintivo de cada manada, creando una atmósfera densa, casi sofocante.
Lía observaba desde un rincón, con un vestido azul medianoche que resaltaba la palidez de su piel. Cinco años atrás, habría estado junto a