El bosque parecía contener la respiración. Lía lo notaba en cada fibra de su ser mientras observaba a los miembros de la manada moverse con inquietud por el territorio. Faltaban tres días para la luna llena, pero algo estaba mal. No era la habitual anticipación que precedía a la transformación, sino una tensión diferente, como si el aire mismo estuviera cargado de presagios.
Desde el porche de la cabaña, contemplaba cómo algunos lobos patrullaban con nerviosismo, deteniéndose para olfatear el a