El Gran Salón de la manada, antes imponente y solemne, ahora parecía un campo de batalla. Fragmentos de cristal ceremonial esparcidos por el suelo reflejaban la luz de las antorchas como estrellas caídas. El aroma a hierbas sagradas se mezclaba con el inconfundible olor del miedo y la ira. Los ancianos gesticulaban con desesperación mientras los guerreros formaban un perímetro protector alrededor de la familia del Alfa.
Lía mantenía a los trillizos pegados a su cuerpo como una leona protegiendo