La conversación había abierto las heridas del Alfa, y recordado el dolor de la luna, pero era inevitable hablar del pasado.
El rey llevó a acostar a Alejandra, pronto ella se quedó dormida, entonces él salió de la habitación y dejó órdenes precisas en el lugar a dos de sus centinelas.
— Que nadie pase a molestar a la loba Alejandra, mucho menos a Carmina. Ustedes me responden por lo que sea que suceda a ella y a los cachorros.
— Entendido Alfa.
El beta Patricio caminó detrás del A