El aire en la habitación se volvió insoportable.
Adrián estaba demasiado cerca.
Sus palabras aún resonaban en mi mente.
“Eres la clave de todo.”
Mi corazón latía con fuerza, como si intentara advertirme de algo.
O empujarme a decidir.
—No puedes quedarte aquí —dije finalmente.
Adrián no se movió.
—Puedo.
—Nikolai está en la casa.
—Lo sé.
—Entonces esto es una locura.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Siempre lo ha sido.
Negué con la cabeza.
—No entiendes.
—Te entiendo más de lo que cr