El silencio en la habitación se volvió insoportable.
Podía sentir las miradas de ambos sobre mí.
Esperando.
Exigiendo.
Una respuesta.
Mi corazón latía tan fuerte que parecía que iba a romperse dentro de mi pecho.
Adrián.
Nikolai .
Dos hombres.
Dos verdades.
Dos mentiras.
Y yo…
En medio de todo.
Respiré profundo.
Y di un paso.
Pero no hacia ninguno de los dos.
Hacia atrás.
—No.
La palabra salió firme.
Clara.
Ambos se tensaron.
—¿Qué dijiste? —preguntó Adrián.
—Que no.
Levanté la mirada.
Primero