Mundo ficciónIniciar sesiónVincenzo arrojó el vestido sobre el diván de terciopelo con el desdén de quien maneja mercancía barata. La seda blanca y el encaje francés brillaron bajo la luz de la lámpara, pareciendo una mortaja elegante en lugar de un atuendo nupcial.
— Póntelo, Elara — ordenó Vincenzo, sirviéndose otra copa de coñac — No queremos que el fiscal Marchesi piense







