De repente, una vibración sacudió el suelo. No fue un disparo, sino el eco de una detonación controlada en el callejón trasero. La matrona gritó desde algún lugar del pasillo.
— ¡Vienen por el sótano! — chilló la mujer — ¡Han encontrado la entrada de servicio!
Dante reaccionó con una velocidad sobrehumana, y antes de que Elara pudiera levantar su rifle, él la rodeó con sus brazos, arrastrándola hacia un rincón oculto tras un armario de roble macizo.
La protegió con su propio cuerpo, aplastándol