Dante estrelló el puño contra la consola de acero del búnker. El video de su madre se había cortado, pero la imagen de la mano de Alejandro acariciando el cabello de Lucia seguía quemándole las pupilas.
— Ese hijo de perr@... — gruñó Dante, con una vibración en la voz que hizo que Elara retrocediera un paso — La tiene ahí, cenando frente a él como si fuera un trofeo.
—Dante, mírame — Elara le tomó el rostro, obligándolo a apartar la vista de la pantalla negra — No puedes perder el control ahora