El restaurante Terrazza Gallia ofrecía la vista más elitista de Milán, pero para Elara, el aire olía a emboscada. Vincenzo estaba sentado frente a ella, destrozando un filete con una violencia que delataba su ansiedad. El sabotaje a los muelles de Génova ya era noticia en los círculos financieros.
— Mis cuentas están bloqueadas, Elara — dijo Vincenzo, dejando caer el cuchillo — Alguien filtró a la Procura que el cargamento de la naviera llevaba algo más que maquinaria agrícola.
— Te lo advertí,