El sótano de la mansión De Luca olía a humedad y a pólvora vieja. Lorenzo ajustó su traje mientras observaba las pantallas de seguridad que Sofía manipulaba con dedos temblorosos. La presión de ser los ojos de Elara dentro del nido de serpientes estaba empezando a resquebrajar su disciplina.
— Si Alejandro cruza esa puerta y ve que hemos desviado la señal del ala oeste, estamos muertos — susurró Sofía, sin apartar la vista del código — Lorenzo, no creo que salgamos de esta.
Lorenzo dejó su arma