El furgón blindado del GOM avanzaba por la autopista periférica de Milán. Dentro, Dante Montaño sentía las esposas perforándole las muñecas y el zumbido de un inhibidor de señal que lo aislaba del mundo.
De pronto, las luces de dos patrullas de los Carabinieri cortaron la neblina, obligando al convoy a desviarse hacia una zona industrial en desuso. El furgón se detuvo en seco, y la puerta trasera se abrió.
Dante se preparó para recibir una bala en la frente, pero en lugar de un verdugo de Vince