Dante se movía por la habitación con la precisión de un experto. No empacaba maletas como habían planificado, sino que revisaba cargadores, ajustaba un cuchillo táctico a su pantorrilla y verificaba un fajo de pasaportes falsos.
Elara lo observaba, sintiendo el peso de la nota de Lyra en su bolsillo como si fuera un trozo de plomo incandescente. Cada segundo que pasaba en esa mansión sentía que el micrófono que había encontrado tras el espejo succionaba sus pensamientos.
— Si salimos por la pue