Lorenzo sostenía el teléfono con dedos temblorosos mientras la voz de Vincenzo De Luca tronaba, cargada de impaciencia. El aire se sentía pesado, como si las paredes mismas estuvieran registrando su traición.
— ¿Y bien? — siseó Vincenzo — Mi sobrina no es de las que se quedan sentadas a esperar que el destino las alcance. Quiero un informe detallado de cada paso que dé, Lorenzo, si respira, quiero saber a qué ritmo lo hace.
— Ella sigue enfocada en la mansión, señor — mintió Lorenzo, mientras e