Dante salió de la mansión con la mandíbula tensa, escoltado por dos sombras que Giacomo le había impuesto. El estruendo del motor de su coche fue la señal que Elara esperaba.
Corrió hacia el ala oeste, el sector que Dante mantenía bajo llave con una prohibición explícita. No usó la fuerza, usó una llave duplicada que le había robado durante el desayuno.
La puerta se deslizó sin ruido, Elara esperaba encontrar armas, planos de asalto o dispositivos de escucha, pero el aire olía a resina, madera