La oscuridad en la mansión era absoluta, Elara apretó el teléfono contra su oído, sintiendo el eco gélido de la amenaza de Vincenzo.
— ¿Elara? — la voz de Dante surgió de la nada, justo detrás de ella, y sus dedos rodearon la muñeca de la mujer antes de que ella pudiera levantar el arma.
— Vincenzo me llamó — soltó ella, con su voz temblando por la furia — Sabe lo del microchip. Me dio veinticuatro horas para que se lo entregue o matará Lorenzo.
Dante no la soltó. La arrastró pegando su espalda