La mansión de los Montaño se sentía como un mausoleo tras el regreso del yate. En el gran vestíbulo, un enorme arreglo de orquídeas blancas esperaba sobre la mesa de mármol, Elara se acercó, notando la tarjeta con el sello oficial de la fiscalía.
— ¿Flores para un cadáver? — la voz de Dante restalló detrás de ella, él se movía con una rigidez peligrosa, y la mandíbula apretada.
Elara tomó la tarjeta, « Para la mujer que siempre sabe dónde esconderse. Nos vemos pronto, mi amor ». El mensaje de A