El descenso hacia la base Praetorian fue un viaje a las entrañas del lujo y el secreto. Bajo el suelo de una iglesia, la galería de arte subterránea se abría como una catedral de mármol y sombras.
Estatuas renacentistas de una blancura sepulcral flanqueaban los pasillos, observando con ojos ciegos el paso de los fugitivos. El eco de los pasos de Dante resonaba contra el granito, mientras Miller y sus hombres se desplegaban como fantasmas en la periferia del sistema de vigilancia.
Elara caminaba