El eco de los pasos resonaba en el amplio sótano de aquella mansión oculta. Las paredes de concreto y la única bombilla colgante en el techo creaban un ambiente frío y asfixiante. En el centro de la habitación, Aaron estaba atado a una silla de metal con las muñecas aseguradas por gruesas cuerdas. Su rostro mostraba cortes y hematomas, pero sus ojos, desafiantes y fríos, se clavaban en Vikram con un desprecio absoluto.
Vikram permanecía de pie frente a él, vestido con un traje impecable, pero c