El sonido rítmico de las olas rompiendo en la orilla acompañaba el murmullo del viento. La arena blanca y tibia se deslizaba entre los dedos de Katerina mientras sostenía en brazos a su pequeño Alexander, quien dormía plácidamente. La brisa marina jugaba con los rizos oscuros del bebé y movía suavemente el vestido ligero de su madre.
A unos metros de ella, Aaron encendía una fogata con habilidad. Vestía una camisa de lino blanca, desabotonada en el cuello, y unos pantalones cortos que dejaban a