Capítulo 48. Entre la vida y la muerte.
Camelia sintió que el cuerpo le temblaban.
Tenía las manos sobre el vientre.
La ropa seguía manchada con la sangre de Fernando.
Y aquellas palabras terminaron de hundirla.
—Yo…
—¡No quiero excusas! —sollozó Marian—. ¡Desde que apareciste, mi hijo no ha conocido un solo día de paz!
Camelia cerró los ojos.
Porque una parte de ella estaba empezando a pensar exactamente lo mismo.
—Se lanzó delante de mí… —susurró.
Marian se quedó callada.
—¿Qué?
—Valeria quería apuñalarme…
Las lágrimas rodaron por