Capítulo 6. Demuéstramelo.
El silencio que se hizo después de las palabras de Camelia fue tan pesado que parecía capaz de aplastarlos a los dos. Fernando se quedó congelado frente a la isla de la cocina, con las manos apoyadas sobre la superficie de mármol y los nudillos completamente blancos. Sus ojos, oscuros y turbulentos, la miraban como si acabara de recibir un golpe directo al estómago.—¿Qué has dicho? —preguntó con voz baja, ronca, casi rota.Camelia lo sostuvo con la mirada. Ya no lloraba. El dolor seguía ahí, pero ahora también había determinación.—Que quiero el divorcio —repitió, más tranquila de lo que se sentía por dentro—. Ya no puedo seguir así, Fernando. Me cansé de esperar, de rogar y de sentirme sola aunque duerma a tu lado.Él negó con la cabeza lentamente, como si esas palabras le resultaran imposibles de procesar. Dio un paso hacia ella. Luego otro. Cada movimiento parecía costarle.—No, Camelia —dijo con firmeza, aunque su voz sonó extraña—. No voy a divorciarme de ti. Y no voy a dejarte
Ler mais