Capítulo 47. No te atrevas a morir.
La ambulancia llegó en menos de diez minutos.
Pero para Camelia, aquellos diez minutos fueron una eternidad.
—¡Aquí! ¡Rápido! —gritó Elías desde la entrada.
Dos paramédicos entraron corriendo con una camilla.
Uno de ellos se quedó pálido al ver la cantidad de sangre.
—¡Retiren las manos, señora!
—¡No! —sollozó Camelia—. Si lo suelto, se va a morir.
—Necesitamos trabajar.
Elías la sujetó por los hombros.
—Camelia, déjalos.
Ella negó desesperadamente.
—No puedo.
—Mírame.
Los ojos de Camelia se en