Capítulo 55. No me dejes.
La luz roja del quirófano seguía encendida.
OPERACIÓN EN CURSO.
Aquellas tres palabras se habían convertido en una condena.
Habían pasado las horas.
Horas interminables. En las que Camelia apenas se había movido, había comido o bebido, y aunque no quería sentarse, ante la insistencia de Luciano se fue a descansar unos minutos.
Cuando regresó, se sentó a observar la entrada al quirófano, como si apartar la mirada fuera a provocar que Fernando se marchara para siempre.
—Camelia, debes comer algo