Capítulo 49. Despierta de una vez.
Habían pasado veinticuatro horas. Veinticuatro horas interminables.
Veinticuatro horas en las que Camelia apenas había dormido, había comido obligado y prácticamente no se había separado de aquella habitación.
En ese momento estaba sentada junto a la cama.
La misma silla. La misma mano entrelazada con la de Fernando.
El mismo miedo. Los monitores emitían aquel pitido constante que ya se había convertido en el sonido más importante de su vida.
Porque mientras aquel pitido siguiera allí… Fernando