Capítulo 52. No vas a tocarla.
—No vas a tocarla.
Valeria sonrió. Pero no fue una sonrisa normal. Fue una mueca torcida. Enferma.
—¿Tú? —sollozó entre risas—. ¿Tú vas a detenerme?
Dio otro paso hacia adelante. La pistola seguía apuntando al pecho de Elías.
—Tú te vuelves loco por ella, ¿verdad, Romero? Pero no creo que la ames mucho y tampoco que vayas a morir por ella.
Elías no se movió.
—¿Ah, no?
—No.
Valeria soltó una carcajada.
—Si la amaras de verdad, la habrías alejado de Zaldívar hace años.
Su mirada se volvió venenos