Capítulo 18. Dime la verdad.
Fernando no le dio opción. La agarró por el brazo. Su agarre fue firme, de hierro. La obligó a caminar por el pasillo del edificio, la metió al ascensor y no la soltó hasta llegar al sótano.
Abrió la puerta del copiloto de su auto deportivo. La empujó hacia adentro. Cerró la puerta con un golpe seco.
Rodeó el vehículo. Subió al asiento del conductor. Arrancó el motor con un rugido ensordecedor. Pisó el acelerador a fondo. Las llantas chirriaron contra el concreto del estacionamiento.
Salieron a