Capítulo 19. El diagnóstico.
—Solo te oculto el asco que te tengo —respondió ella, levantando la barbilla de forma desafiante.
La puerta se abrió. Una enfermera entró con una bandeja de metal. Tubos de ensayo. Agujas.
Le amarró una liga en el brazo a Camelia. Le limpió la piel con alcohol. Le clavó la aguja. Camelia cerró los ojos. Sintió cómo su sangre salía hacia los tubos.
La enfermera tomó las muestras. Le dio un frasco de plástico para la orina.
Camelia fue al pequeño baño adjunto del consultorio. Hizo lo que le pidi