Miguel se levantó con brusquedad, sin decir nada más. Tomó la chaqueta que estaba colgada en el respaldo de la silla y se la colocó de un movimiento rápido. Su rostro estaba rígido, sin ninguna expresión clara, pero sus ojos tenían ese brillo contenido que precedía a una decisión que no iba a cambiar por más que le insistieran.
Martín se puso de pie de inmediato, apenas alcanzando a seguirle el paso cuando Miguel salió del restaurante.
Larissa quedó atrás, paralizada por unos segundos, con las