La nueva casa estaba casi en penumbra; estaba iluminada apenas por las lámparas cálidas del comedor. El aroma del café recién hecho llenaba el ambiente, mezclándose con el murmullo suave de la ciudad afuera, y con el arrullo tranquilo que ella hacía mientras mecían el coche donde Lilly comenzaba a sumergirse en el sueño.
El movimiento era lento, casi hipnótico. La bebé parpadeaba de vez en cuando, luchando contra el peso de sus párpados, con los dedos apenas cerrándose en un gesto involuntario.