La llamada terminó, pero Sofía no se movió. El teléfono seguía apoyado en su mano, frío, como si el metal pesara el doble de lo normal. La voz de la agente todavía resonaba en su mente, insistente, devastadora.
«El dueño recibió una oferta más alta… quiere renegociar… si no viaja ahora, lo perderá»
Se llevó la mano libre a la frente, tratando de contener el torbellino que comenzaba a arrasarlo todo. Había planeado cada paso con precisión. Había calculado el tiempo para despedirse de Miguel sin