La noche había caído por completo, pero el jardín seguía iluminado por la luz cálida que salía de la casa. Las flores se mecían suavemente con la brisa, desprendiendo un aroma tenue que se mezclaba con la humedad del césped. Sofía estaba sentada en una banca de hierro, las manos juntas sobre las rodillas, mirando el cielo despejado como si pudiera encontrar respuestas entre las estrellas.
Miguel se acomodó a su lado sin decir nada. El silencio no era incómodo, pero pesaba. Entre ellos había dem