La mañana inundaba el apartamento con una luz cálida que parecía querer limpiar las tensiones acumuladas. Sofía recibió la visita de Vivian y Natalia con los brazos abiertos y un alivio genuino. Eran un soplo de aire fresco, una conexión con una parte de su vida que no estaba contaminada por las mentiras de Miguel.
Vivian, con su serenidad de siempre, se sentó con una taza de té mientras Natalia, una niña de ocho años con una energía contagiosa, se dirigía directamente a Lilly, sentada en su co