La mañana comenzó sin sobresaltos. Miguel le propuso a Sofía que lo acompañara a la oficina, argumentando que así podrían ir juntos al hospital después del trabajo. Ella aceptó sin discutir. Tal vez porque el silencio entre ambos aún arrastraba el peso de la conversación inconclusa de la noche anterior, o tal vez porque, en el fondo, la idea de permanecer cerca de él —aunque fuera en un ambiente impersonal como el trabajo— le ofrecía algo de calma.
La jornada transcurría entre informes y reunio