Gracia salió junto a Maximilien y ambos subieron al auto. Él la miró expectante.
—Por cierto, Gracia, ¿tenías algo que decirme? ¿ a que debo tu inesperada visita?
Ella sonrió, algo avergonzada.
—Sí… en realidad venía a invitarte a almorzar. Pero por la hora, imagino que ya habrás comido.
—No, justamente iba camino a un restaurante cercano por una ensalada. No suelo comer mucho a esta hora. ¿Y tú? ¿Ya almorzaste?
—No. ¿Vamos, entonces?
—Claro —respondió él con una sonrisa amable, sacando el telé