Pasaron unas tres horas, y Gracia seguía de pie frente a la entrada de la compañía, soportando el sol inclemente. Resignada, pensó que tal vez era mejor irse. Ya hablaría con él en la casa.
Justo en ese momento, la puerta principal se abrió para darle paso al auto de Maximilien, que salía para almorzar. Al verlo, Gracia se plantó frente al vehículo, obligando al conductor a frenar de golpe.
Maximilien se bajó de inmediato, confundido. Al reconocerla, su expresión cambió de una vez a preocupació