Gracia acariciaba su vientre con delicadeza mientras repasaba los últimos informes de la semana. Había pasado otro día largo, pero a diferencia de semanas anteriores, esta vez se sentía satisfecha. Los números hablaban por sí solos. A pesar de las noches de insomnio y los dolores de espalda, algo dentro de ella le decía que todo estaba valiendo la pena.
Clara apareció en la puerta del despacho con una expresión radiante.
—Tenemos luz verde —anunció, levantando un sobre con documentos sellados—.